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A Letter From the Fat Person on Your Flight

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To the traveler in seat 7C,

I met your eyes for the first time in the Long Beach airport. Quarters were tight and flights were delayed. Passengers were irritated by closeness, strangers’ skin too near their own. Their faces twisted, then calcified with aggravation.

Our flight was oversold, and I was reassigned at the last minute to a middle seat. When the ticket agent handed me my new boarding pass, I looked at her pleadingly, feeling the full width of my size 28 body. I know, she said. I’m sorry.

I retreated from the desk, defeated. I remember looking for warm faces, desperate to find softness in the frustrated passengers that would flank me. Who could I trust to tolerate the breadth of me? Whose face bore the marks of mercy?

That’s where I found yours, bright and warm, nestled in a persimmon scarf. I think you met my gaze. I think you smiled.

I planned carefully, working diligently to avoid taking any more space or time than I needed. I couldn’t afford to give my fellow passengers more reasons to take aim at my body. I lined up early, checked my suitcase at the gate, took my seat quickly. I watched the passengers file down the row, again searching their faces for something forgiving. I saw your warm face again, and hoped you’d sit next to me. You took your seat, one row up.

Then my seat mate arrived. When he sat down, he didn’t meet my eyes. He adjusted the arm rest, assertively claiming it as his own. He needn’t have—I had learned that any free space belonged to the thin. My arms were crossed tight across my chest, thighs squeezed together, ankles crossed beneath my seat. My body was knotted, doing everything it could not to touch him, not to impose its soft skin. I folded in on myself, muscles aching with contraction.

Suddenly, he stood up, fighting against a stream of passengers in the narrow aisle to speak with a flight attendant, then returned to his seat, looking thwarted. Moments later, he got up again. I couldn’t hear what he was saying, but there was an urgency in his face. I wondered what their summit had been about. He returned to his seat again, mouth straight and muscles tense. I considered asking if he was alright, but his agitation threw me. I was a young woman, he an older, upset man, the two of us in an enclosed space for hours to come. I had spent a lifetime learning not to put my hand on the hot stove of men’s agitation. Maybe you have, too.

He got up a third time. That’s when I heard him say unbelievable, his voice sharp with irritation. The fourth time, I heard paying customer, angrily over enunciated, all convex consonants.

He returned to his seat, and let out the sharp, belabored sigh of a wronged customer. He crossed his legs away from me, leaning into the aisle, chin in his hand, glowering. He checked over his shoulder repeatedly, constantly scanning the cabin.

I didn’t yet know how to read those signs. The stove wasn’t lit, but it let out the low hiss of leaking gas, and I caught the first whiff of its acrid stench. I moved gingerly, not knowing what it meant. I didn’t yet know the certainty of its ignition, or the blast that was coming for me. I didn’t yet know how to protect myself, or respond. This was the day I learned.

At long last, a flight attendant approached him and crouched in the aisle, whispering something in his ear. My seat mate got up silently, gathered his things, and moved up one row. Before he sat down, he looked at me for the first time.

“This is so you’ll have more room,” he said. His voice was cold.

The flight attendant looked at him, puzzled. “This won’t be a vacant seat,” she corrected. “Someone will still be sitting here.” My former seat mate looked away, then took his seat, just opposite you.

That was when I realized what had happened: he had asked to be reseated. The nearness of my body was too much for him to bear. All that agitation, all that desperate lobbying — all to avoid two hours next to me. I’d never feared it before. I didn’t think I needed to.

The next thought came quickly, urgently: don’t cry. You can’t cry.

But it was too late. Hot tears stung my eyes, then spilled onto my cheeks. I stared at my lap, eyes fixed on the width of my thighs. I glanced up and saw your warm face drained of its color, blank as a canvass, eyes wide and empty. Your neck was craned so you could see me. You were watching me like television.

Sánchez se sentará con Podemos, PP y Cs tras ser propuesto por el Rey

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“No hay otra alternativa: o gobierna el PSOE o gobierna el PSOE. La próxima semana iniciaré la ronda de contactos con los tres principales partidos [Podemos, PP, Ciudadanos] que pueden apoyar o bloquear la investidura”, dijo este jueves Pedro Sánchez tras ser propuesto por el Rey como candidato, y sin priorizar a la formación de Pablo Iglesias sobre las demás. Sánchez no se ha movido para negociar hasta ahora, pero este jueves recibió una buena noticia de boca de Junts per Catalunya: sus tres diputados presos no renunciarán al acta, lo que en la práctica supone tres abstenciones más. UPN también se abstendrá si el PSOE deja gobernar a la derecha en Navarra.

Iglesias: “Desde hace dos semanas no hay ningún contacto con Sánchez”

Se hizo esperar, dijo oficialmente que no iba a comparecer, pero a última hora, tras insistentes críticas por su silencio, el presidente cambió de opinión y salió en La Moncloa para lanzar un mensaje de fuerza — no hay alternativa, así que espero de todos “altura de miras”, vino a decir— que estaba claramente pensado para Iglesias, que se resiste a darle sus 42 escaños si Sánchez se niega a aceptar que entren ministros de Podemos en su Gobierno. El pulso es evidente y será largo, pero Sánchez no cerró ninguna puerta este jueves, a la espera de la negociación real que empieza la próxima semana. “Es lógico que antes de la conversación de la próxima semana todos fijen posición, unos que votarán no [por PP y Ciudadanos] y otros que quieren entrar en el Gobierno. Tenemos que empezar esa conversación. No hay mayoría alternativa. Es responsabilidad de todos, y singularmente de Podemos, PP y Ciudadanos, facilitar ese Gobierno”, sentenció.  Sanchez se reunirá con Pablo Iglesias, Pablo Casado y Albert Rivera el martes 11 de junio en el Congreso.

El presidente tiene varias jugadas encima de la mesa de un tablero muy complejo. Y en ellas no está solo La Moncloa. También varios gobiernos autonómicos y alcaldías. Por eso quería esperar a que se aclarara un poco más el panorama. Pero los acontecimientos se precipitan y ahora tiene que empezar a negociar. Este jueves el Rey le encargó que forme Gobierno, y ya no puede seguir parado. “Asumo este encargo con honor. El parlamento tiene un mandato claro, España debe avanzar con justicia social”, remató el presidente.

Sánchez tampoco cerró nada en la compleja solución navarra, que implicaría que el PSN aceptara una especie de harakiri. “El PSN y el PSOE tenemos la misma posición: con Bildu no se acuerda nada. A partir de ahí, en relación a Esparza y Navarra Suma, vamos a empezar negociaciones con todas las formaciones políticas”, se limitó a decir. Eso deja todo abierto porque el PSN no quiere negociar con Bildu, sino aceptar gratis su abstención. Pero Sánchez se guarda esa carta con esos dos votos clave de UPN en el Congreso.

En estas 48 horas de la ronda con el Rey al PSOE se le cerró la puerta de Coalición Canaria —que anunció un voto en contra si hay acuerdo con Podemos—, pero se le abrió la de la operación Navarra, avalada incluso por el PP. Si acepta el trueque y fuerza a los socialistas navarros a renunciar a gobernar Navarra, asumiendo el coste interno en el partido que eso pueda tener, Sánchez ya tendría dos abstenciones garantizadas, las de los dos diputados de UPN. Este jueves, el presidente en funciones no se cerró a ninguna opción; solo dejó claro que no negociarán con Bildu —cuya abstención sería imprescindible en Navarra— y que lo que se decida hacer en esa comunidad será consultado a las bases.

Si el PNV acepta esa renuncia del PSN en Navarra —está muy molesto con la posibilidad y ha dicho que “toma nota”, avisando de que podría cambiar de opinión—, Sánchez tendría los números para ser investido por la mínima. Porque supo que contará con tres abstenciones más: Laura Borràs, de Junts per Catalunya, dejó claro que los tres diputados presos y suspendidos de funciones no van a renunciar a su escaño. Eso ayudará mucho a Sánchez —aunque ellos no lo hagan por ese motivo— porque en realidad esas ausencias funcionan como abstenciones. Pedro Sánchez contaría así con 173 votos (PSOE, Unidas Podemos, PNV, Compromís y PRC) frente a 172 noes (los de PP, Ciudadanos, Vox, Junts per Catalunya y ERC, si es que estos últimos no se abstienen). Pero para eso tendrá que negociar.

Tanto Pablo Casado como Albert Rivera se mostraron deseosos de que Sánchez se mueva para empezar ya la legislatura de verdad. Todo el mundo parece muy sorprendido por la particular forma de jugar al ajedrez elegida por el líder socialista y su principal estratega, Iván Redondo. El primer mes después de las elecciones ya se perdió para las negociaciones porque todos estaban en plena campaña electoral del 26-M. Pero llegaron las autonómicas, los días pasan y el PSOE no ha hecho aparentemente nada para buscar apoyos.

Pablo Iglesias admitió este jueves que Sanchez llevaba dos semanas sin llamarle, algo bastante inusual entre ellos, que han formado un bloque sólido en los últimos meses que ha llevado adelante todas las iniciativas importantes. Iglesias ofreció su hipótesis para explicar por qué no le llama Sánchez: él cree que el presidente en realidad preferiría el apoyo de Ciudadanos —juntos sumarían 180 escaños— y está esperando a ver si Albert Rivera cambia de opinión. “Estos 15 días el PSOE lo que ha hecho es tender la mano a Ciudadanos. No miento si digo que si Ciudadanos decidiera facilitar la investidura sería la opción preferida para el PSOE”, opinó Iglesias, que insistió en que Podemos quiere entrar en el Gobierno precisamente para evitar que los socialistas giren a la derecha.

Los líderes del PP y Ciudadanos, Pablo Casado y Albert Rivera, volvieron a cerrarle la puerta al socialista. El PP no apoyará un gobierno del PSOE y Ciudadanos, y este partido fue más lejos: tampoco lo hará ni con sus votos ni sus abstenciones. Rivera incluso conminó a Sánchez a “armar una mayoría con sus socios podemitas, Bildu, PNV e independentistas” porque le urge que forme Gobierno para empezar de inmediato a hacer oposición. Una oposición que reclama que va a liderar a pesar de que el PP tiene más votos que Ciudadanos, y que será “muy dura para impedir que haya concesiones a los independentistas y muy leal con los españoles”.

Casado también reclamó a Sánchez que el inicio de la legislatura no se dilate “por tacticismos” y le pidió responsabilidad para dejar atrás “los electoralismos” del PSOE y propiciar la “gobernabilidad y la estabilidad”. Defendió que no se puede demorar la investidura porque la economía se está ralentizando y la situación territorial de Cataluña y Navarra es preocupante.