Atardecer rojo en Chiapas

La tarde de ayer, varias fotos estuvieron circulando en redes sociales por el atardecer que mantuvo un peculiar color rojo, que fueron captados en diferentes municipios de la entidad chiapaneca.

Vamos a platicar un poco sobre este hecho…

Primero debemos entender que el ojo humano es capaz de ver los objetos cuando un rayo de luz incide en la retina. No obstante, esta luz no procede directamente del objeto en sí, sino de una fuente que refleja su luz en él.

Cuando el sol se pone por el horizonte, los rayos que atraviesan la atmósfera colisionan con las moléculas de nitrógeno. La luz de color azul se dispersa en todas las direcciones por igual y es la luz que nos llega a nosotros en la superficie. El resto de componentes, es decir la luz “menos azul”, continúan su camino e inciden en las nubes, iluminándolas por su parte inferior.

Al incidir estos rayos de luz en las nubes, la luz se refleja hacia la superficie terrestre y al atravesar de nuevo la atmósfera continúa perdiendo su componente cercano al azul.

Cuánto más bajo esté el sol en el horizonte, más atmósfera atravesará en su recorrido y más se potenciará este fenómeno. De esta forma, conforme va atardeciendo, las nubes pasan de un color amarillo suave hasta un rojo intenso.

 

¿Qué sucede para que cambie el color del cielo de azul a rojo?

La luz del sol es blanca. Es decir, es la suma de todos los colores del arco iris (rojo, naranja, amarillo, verde, azul y violeta).

Viaja desde el sol a la Tierra sin alterarse hasta que penetra en la atmósfera. Entonces choca con las partículas que la componen. A grandes rasgos son polvo, gotas y cristales de agua, sal y las moléculas que forman el aire: oxígeno, nitrógeno y gases nobles.

Todos estos elementos juntos dispersan los rayos de sol. Es decir, los absorben y a continuación emiten en todas las direcciones como si fueran bolas de billar. Cada elemento lo hace de una manera según sus particularidades.

Por su parte, el nitrógeno y el oxígeno dispersan más el color azul y violeta, que emiten en todas las direcciones, mientras que dejan pasar los tonos naranjas y rojos en línea recta. El resultado es un cielo con aspecto de lienzo celeste uniforme.

Con el atardecer, sucedería lo mismo si no fuera porque el Sol está bajo. En esa posición sus rayos recorren hasta 10 veces más atmósfera hasta llegar a nuestros ojos que cuando está el Sol en el cenit.

Así, los tonos azules sufren tal dispersión que no llegan a nuestros ojos mientras que el naranja, rojo y amarillo sí. Cuantas más partículas sólidas hay suspendidas en el aire más coloridos y saturados son los atardeceres.

Los más espectaculares suceden tras la erupción de un volcán. Es así porque las cenizas del aire y demás pequeñas partículas emitidas dispersan los rayos de sol en colores rojizos y anaranjados. Estos colores se suman a los que ya suele haber de forma habitual al atardecer.

 

 

Autor entrada: Lucia Mar